Motivos por los que tu pareja no debería abrir tu perfil de Facebook

Con más 1.700 millones de perfiles, Facebook se ha convertido en un inmenso patio de vecinos donde la vida cotidiana discurre aparentemente apacible, con sus peripecias, angustias o gozos. Imaginemos por un momento que un fallo en la seguridad deja al descubierto nuestros mensajes, conversaciones privadas o intercambios de imágenes, al más puro estilo Aslhey Madison. El momento sería caótico y habría motivos suficientes para tiritar de pánico, sobre todo ante nuestras parejas, pero quizás podríamos convertirlo en la ocasión esperada para reclamar ese espacio íntimo y exclusivo que debería tener todo ser humano para tomar aire.

Es verdad que en esta red social, como en cualquier otra, campan a sus anchas el deseo, la coquetería, viejos amores, amigos que van y vienen… Pero no es el detector de la realidad más fiable. Según la psicóloga Amaya Terrón, las redes sociales tratan de cubrir ese hueco que deja la vida en pareja, puesto que no existe relación capaz de satisfacer todas nuestras necesidades afectivas o emocionales. “Por eso, el uso de las redes sociales exige privacidad y unos límites saludables que permitan disfrutar de ellas sin romper el equilibrio y el bienestar de la pareja. El criterio más elemental para ello sería el respeto mutuo”.

Hay investigaciones que delatan que Facebook se ha convertido para cada usuario en un refugio que permite el encuentro con uno mismo para seguir viviendo honestamente. Esto no evita la inquietud que ese universo íntimo despierta en la otra persona y que lo que en él habita se convierta en fantasmas y amenazas:

  • El demonio de los viejos amores. “Los primeros amores siempre están ahí”, advierte Antonio Gala, pero en Facebook el riesgo de que asomen cuando menos lo esperas está más palpable que en ningún otro sitio. La psicóloga estadounidense Shirley P. Glass ha publicado varios ensayos sobre la infidelidad y su teoría es que, efectivamente, las redes sociales son una amenaza para los matrimonios: “Un antiguo amor que vuelve a nuestras vidas supone un riesgo mayor que un desconocido que llega por casualidad”. Y señala que son especialmente peligrosos aquellos amantes que nunca llegaron a consumar su relación: “Tienen que hacer un esfuerzo muy grande para no reavivar los sentimientos, ni caer en la tentación. Si estalla el deseo, no hay amor de pareja suficiente capaz de frenar el impulso”. Las posibilidades de éxito de este tipo de ‘revivals’ son, sin embargo, muy escasas.
  • Información, curiosidades, anécdotas y vivencias de otros usuarios que se convierten en un aliciente nuevo e inagotable para pasar el rato. Un estudio de la Universidad de Missouri, basado en más de 200 encuestas a usuarios de esta red, concluyó que su uso excesivo socava la vida romántica de la pareja. Pero el abuso de Facebook no suele ser el causante del deterioro de la relación, sino la consecuencia de una convivencia aburrida y apoltronada en la rutina.
  • Perfiles sugerentes que brindan la oportunidad de contactar con usuarios que, quién sabe, pueden ayudarnos a sentirnos deseados. Según el ensayo de las psicólogas argentinas M. Esther Antelo y Paola D. Arcuri, “La infidelidad en tiempos de internet”, “algunos varones sienten así que todavía pueden conquistar y seducir con su madurez, al igual que algunas mujeres pueden ver en una relación extramatrimonial la posibilidad de levantar su autoestima”. Según lo fuerte que sea la relación con la pareja actual, el usuario decide hasta dónde quiere llegar. El problema es que los límites en este tipo de coqueteo sin contacto físico son imprecisos. De acuerdo con un estudio de la Universidad Tecnológica de Texas, los escarceos en las redes sociales son tan dolorosos como los que se concretan físicamente. De hecho, están en el germen de crisis y peleas matrimoniales. Una investigación de la Asociación de Abogados Matrimoniales de Estados Unidos revela que, de manera infundada o no, Facebook se ha convertido en una importante fuente de pruebas del 20% de los divorcios.
  • Vuelta al pasado. El reencuentro con viejos compañeros y amigos y el rescate de imágenes es un juego con la melancolía a veces necesario y muy gratificante para soñar y ajustar cuentas con nuestra propia vida. Pero no es algo que exija la presencia de nuestra pareja.
  • Desahogo emocional. Los sentimientos que expresamos a través de la red crean historias hermosas de amistad y complicidades que habrían sido difíciles si no fuese por esa distancia física que propicia mayor intimidad y sinceridad con las personas que están al otro lado. Es un acto inofensivo y saludable, pero si la pareja lo descubriese le costaría entender que tal conexión se base únicamente en una búsqueda de apoyo y consuelo que deja fuera cualquier atisbo sexual o romántico.

¿Y entonces, cómo ahuyentamos la tentación? ¿Compartimos Facebook en pareja y nos cortamos uno al otro las alas? ¿Buscamos artimañas para espiar al otro? La clave nos la da Terrón: “Conciliar la sinceridad con el derecho a marcar cierta privacidad. Si hay buena comunicación y se hace con honestidad, esto no debería levantar sospechas ni sentirlo como una deslealtad a un proyecto de vida en común”.

Para que todo quede en juego divertido e inofensivo, el usuario necesita un buen manejo de la ironía y seguridad en lo que realmente quiere. Cualquier insinuación romántica o sexual que rebase los límites que la pareja ha establecido debe pararse de inmediato. Por otra parte, vale la advertencia de las psicólogas argentinas: “Pedir castidad en el cuerpo, y también en el pensamiento y en el deseo, ¿no será demasiado? El problema no es que estos deseos aparezcan, sino lo que uno hace con ellos”.

Habrá que aceptar que las redes sociales han generado un cambio en las relaciones humanas. Cada perfil puede guardar un montón de secretos, pero no tienen por qué ser traiciones. Además, no vaya a ser que al invadir ese espacio que no nos pertenece, oigamos, como decía Antonio Machado, sin escuchar.

http://www.elmundo.es/yodona/2015/11/05/563a21f0ca4741bc788b4649.html